Jueves, octubre 12

César Huerta nos habla sobre el Rebaño Sagrado en su columna de este día

Si es usted aficionado de Chivas, le tengo una pregunta: ¿Dónde estaba el 14 de marzo de 2015? No se acuerda… Intentaré recordarle. Tal vez vería por televisión, como un servidor, los dos goles del “Cubo” Torres en Puebla. Y respiraría aliviado porque el Guadalajara sacaba de visita tres puntos vitales en la lucha por evitar el descenso.
Hace poco más de dos años y medio, esa palabra que provoca miedo iba siempre en la misma oración que el Rebaño Sagrado. Varios fueron los técnicos responsables de que el cuadro rojiblanco llegara a esas instancias. Hundido. Humillado. Centro de burlas. Faltando al respeto a su gran historia. Y hoy aunque parezca un recuerdo lejano, no lo es. Se debe tener siempre presente para que no se repita.
Ahora, le tengo otra pregunta: ¿Dónde estaba usted el 28 de mayo de este año? Ese recuerdo seguro lo tiene más fresco. Si fue muy afortunado, tal vez se encontraba en el Estadio Chivas. Quizá estuvo en un bar con amigos. En casa con la familia. Donde quiera que haya sido, se acordará, no tengo duda, de la felicidad que sintió cuando Carlos Salcido levantó la 12.
¿Y sabe algo? El descenso tuvo muchos técnicos responsables, pero las construcción de un proyecto que llevó a Chivas a la cúspide, tiene uno solo: se llama Matías Jesús Almeyda. Es argentino. Le dicen “Pelado”. Y hoy, por increíble que suene, hay aficionados rojiblancos que claman por su despido…
¿La causa de ese arrebatado pensamiento? Un mal torneo. Y digo arrebatado porque la vida es cuestión de perspectivas. Por eso la verdad absoluta no existe. Todo depende, si lo analizamos con coherencia, del enfoque que le demos a cada cosa. Para concluir que todo se arregla cambiando de entrenador, evidentemente se aprecia sólo una parte del panorama.
El concepto, a mi entender, es muy claro: un mal proyecto sí se arregla corriendo al técnico en turno; un mal torneo se arregla con paciencia y trabajo. Entonces, hay que revisar las bases antes de emitir un juicio tan severo. Las del Guadalajara de Matías Almeyda son sólidas. La institución tiene claro hoy, como nunca antes en la era Vergara, hacia dónde va.
Es decir, se ha estructurado un camino. Se han reunido los elementos para que el equipo camine por él. Y un mal torneo, porque no se pretende ocultar que lo es, no puede cambiar el rumbo. No debe. El futbol tiene curvas de rendimiento y nadie puede estar eternamente en la cima.
Y tomar esto en cuenta no significa ni consentir, ni apapachar. A Chivas se le debe exigir siempre porque es el club más grande de México. Pero al momento de tomar decisiones, sí se debe ampliar la toma para ver todos los factores que intervienen. Matías Almeyda ha dicho que tiene las maletas bien metidas en casa. No pretende irse del Guadalajara. Y qué bueno. Porque como nunca, hoy el Rebaño Sagrado tiene rumbo.
Así que, la próxima vez que le cruce por la mente esa arrebatada idea de que todo se arregla mágicamente si se despide al argentino, tal vez convendría enfriarse un poco. Abrir bien los ojos. Alejarse un poquito de la escena. Contemplarla de lejos para ver todo. Así, evitará enfocarse sólo en el árbol de un mal torneo y podrá apreciar el bosque completo de un proyecto que apenas el 28 de mayo hizo felices a millones…
Fuente: César Huerta
Edición video: Leonel Anaya
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