Lunes, octubre 30

Este deporte no sólo se juega con las piernas, también cuenta la mente

Siempre es difícil encontrar el equilibrio. Por una parte, es justo reconocer lo que se hace bien. Pero por el otro, cuando se trata de futbol, hay que ser mesurados al referirse a un joven que recién inicia su carrera. ¿Por qué? Simplemente por el riesgo de que se repita lo que antes ha ocurrido con otros: que su carrera se hunda en las densas aguas del halago.

No son pocos los jugadores que con el primer destello se han deslumbrado a sí mismos. Reciben las palmadas en la espalda. Las felicitaciones. Se ven en las portadas de los diarios. Acaparan espacios en resúmenes televisivos. Los comentarios, vengan de donde vengan, son positivos. Y entonces, la catástrofe… como dicen en el barrio: se la creen.

Y pocas cosas son tan tóxicas en el deporte como eso. Creer que la vida está hecha con uno o dos chispazos es un error inmenso. De esos que son capaces de acabar con una carrera que ni siquiera ha alcanzado su plenitud. En el mismo inicio, hay futbolistas capaces de perderse. Se les termina fácilmente la sed de éxito, en buena medida porque el exceso de halagos los lleva a pensar que ya son alguien.

Por eso, son comprensibles las palabras de Matías Almeyda, técnico de Chivas. “A Macías tenemos que ayudarlo todos a que mantenga los pies en la tierra. Dos goles son pocos, cuando tenga 100 entonces sí le hacen 70 mil notas”, dijo el sábado pasado, después de la victoria por 3-1 sobre Xolos de Tijuana.

En ese triunfo, el primero como local en todo el torneo, José Juan Macías brilló con dos anotaciones. Dos zapatazos desde afuera del área. Dos derechazos que demuestran la facilidad de disparo, inteligencia y precisión que posee el joven delantero de 18 años de edad. Por algo se le considera actualmente la “joya” de la cantera rojiblanca.

Como era de esperarse, casi todos los medios de comunicación solicitaron de inmediato hablar con el muchacho, al término del encuentro. Por orden del entrenador, se negó la presencia del atacante frente a la prensa. ¿Por qué? Para evitar el mareo normal de aquel que de repente se vuelve famoso, sin estar preparado para ello.

¿Y por qué lo cuida tanto? Simple: porque de verdad José Juan Macías puede ser el futuro centro delantero de Chivas. Si continúa su proceso de desarrollo. Si mantiene un crecimiento constante. Y si demuestra que lo ocurrido el sábado pasado no es un chispazo, sino una constante de calidad, que puede ponerse a disposición del equipo de forma permanente.

La historia está plagada de futbolistas excepcionales que no pudieron explotar. Sus carreras se apagaron rápido. No tuvieron tiempo para dejar huella. De un día para otro, creyeron que ya habían “triunfado”. Nunca entendieron que una flor no hace primavera. Se necesitan muchas más.

Un buen partido no consagra por sí solo a un buen futbolistas. Así como un tanto (o dos, como en este caso) no hace a un delantero goleador. Talento hay en José Juan Macías. Mucho, en realidad. Se ha notado desde categorías inferiores. Pero este deporte no sólo se juega con las piernas. También cuenta la mente. Por eso hoy, tan importante como su desarrollo en la cancha, será ayudar, como dijo Almeyda, a que mantenga los pies en la tierra

Edición video: Leonel Anaya