Martes, octubre 10

Cuántas veces habremos escuchado la frase: “Sólo en México”

La utilizamos infinidad de ocasiones.

A veces, ya ni siquiera nos damos cuenta.

Tiene como objetivo, obviamente, destacar las cosas negativas que ocurren en nuestro país.

Muchas de ellas alcanzan el calificativo de increíbles. Por ello, solemos pensar que únicamente aquí pasan. De repente, ocurre que abusamos de la expresión. Cuando la soltamos sin la censura del sentido común, tendemos a caer en la exageración. No todo es malo.

Pero sí hay cosas tan absurdas que nos llevan a creer que efectivamente sólo en México suceden. ¿O es que alguien, en algún remoto lugar de la tierra, podría imaginar que uno de sus gobernantes ordenara inyectar agua a niños con cáncer, para entonces poderse robar el presupuesto (generoso evidentemente) designado para el medicamento de los pequeños enfermos? Sólo en México.

La frase encierra mucha de nuestra idiosincracia. Es reflejo, de alguna forma, de lo que somos como sociedad. El futbol, por supuesto, no es ajeno a la sociedad. Es parte de la misma. Y en algunos aspectos, también se refleja. Por desgracia, no está exento de la expresión que hoy es tema.

También nuestro balompié está plagado de cosas absurdas que nos orillan a decir “sólo en México”. Nuestro país, por ejemplo, es el único que solapa la multipropiedad. Las reglas de FIFA impiden que una sola persona o empresa sea dueña de más de un club. Aquí pasa.

También en esta nuestra bella tierra vemos a los jugadores desfilar por los pasillos de un hotel en busca de directivos. Piden (en ocasiones suplican) una oportunidad de trabajo. Hoy le llaman draft.

El anterior nombre encierra de mejor manera lo que en realidad ocurre cada seis meses: tianguis de piernas. Y hay otra cosa que también pasa sólo en México. Las reglas de FIFA atraviesan una y otra vez el arco del triunfo que han construido los dirigentes del futbol nacional con el llamado “pacto de caballeros”.

En el resto del mundo, un jugador que termina contrato, es libre. Así tal cual. Se puede ir al equipo que más le convenga. Al que mejores condiciones le ofrezca. O al que le venga en gana. Para ello, su nuevo equipo no tiene obligación de soltar dinero. Porque es libre. Pero en este país no.

Por eso, ahora que se ha conformado una Asociación de Futbolistas en nuestro país, se debe reconocer el esfuerzo por hacer frente a males que han afectado al gremio desde hace muchos años. Carlos Salcido lo dijo este martes: “nos sentimos atados… no nos gusta”.

El pacto de caballeros (¿bandoleros, será?) es uno de los mayores males, entre los muchos que hay, del balompié azteca. El capitán de Chivas y presidente de la naciente asociación, ha dicho que escucharán a los dueños. Es el actuar prudente cuando se quiere iniciar una negociación en términos cordiales.

Pero en sus palabras ha dejado ver la postura del gremio que hoy encabeza. No les gusta el pacto de caballeros. Ha llegado el momento de erradicarlo. Y el solo deseo de hacerlo, merece un aplauso. Así, pronto podríamos dejar de decir que sólo en México…

Fuente: César Huerta
Edición video: Enrique Castellanos
Subir