Lunes, febrero 26

De los dos no se hace uno. Chivas y Atlas han tenido un Clausura 2018 de pesadilla. Los rojinegros son últimos de la clasificación. Los rojiblancos son penúltimos. Los dos peores, en números, de la Liga MX. Dos clubes que, aunque la matemática diga que existe esperanza, ya deberán ir planean la siguiente campaña. Son la vergüenza tapatía.

En el estricto juicio de las cifras, tan malo el uno como el otro. Sólo hay tres puntos de distancia entre el sotanero y quien le sigue. Pero en el análisis de las formas, un caso parece más grave que el otro. Y aunque al final, el estudio a fondo de los cómo pudiera perder valor frente cuando se tiene la tabla del torneo en la mano, siempre vale la pena ver las formas, pues así es posible determinar qué panorama hay a futuro.

Lo del Atlas parece más grave. Independientemente de quién esté en la banca, el proyecto ha demostrado simplemente que no tiene rumbo. Con Gustavo Guzmán al frente de la institución, se siente más cerca un descenso que un título. Aquella esperanza de que cambiando de dueño vendrían tiempos mejores parece haberse quedado ahí, como una mera ilusión.

Si la cabeza no comprende de qué se trata lo que dirige, es absurdo pensar que sabrá como conducirlo. Y es el caso precisamente no sólo de Guzmán, sino de casi toda la gente que lo rodea. De quienes trabajan en los Zorros y toman decisiones, pocos hoy en día comprenden la ideología del club. No saben el sentimiento que engloban los colores. Si gana o pierde, parece que lo mismo les da.

Por eso, sus número son paupérrimos: de nueve encuentros, siete derrotas. Sólo cuatro puntos de 27 y con una veladora permanentemente encendida para que Veracruz siga tropezando. Porque esa se ha convertido en su única tablita de salvación. El mal andar de los Tiburones le salvará del descenso, pero de sus directivos nadie lo puede librar.

Chivas, por su parte, puede verse de nuevo metido en esos problemas si no aprieta pronto. Tuvo un mal torneo el semestre pasado, después de ser campeón. Se pensó que lo peor había pasado, pero resulta que no. Los malos resultados siguen presentes: siete puntos de 27 disputados. Cosecha vergonzosa para un equipo grande.

La racha de tres empates consecutivos ha encendido alguna luz de esperanza, pues en los tres juegos quedó la sensación de que mereció un poco más. Este domingo, sin ir más lejos, Oswaldo Alanís falló un penal al minuto 89, que pudo romper el empate a uno final. La presión le gana por momentos a los jugadores. Pero al menos, si de algo vale el consuelo, en algunos lapsos el futbol rojiblanco aparece de nuevo.

Claro que eso sirve de muy poco. La realidad es que Guadalajara es penúltimo de la clasificación y punto. Así de claro. Así de preocupante. Pensar en Liguilla, igual que a estas alturas del semestre pasado, parece ya misión imposible. Le quedará al Rebaño Sagrado afinar esos momentos de futbol que de repente aparecen para enfocarse en la Liga de Campeones de la Concacaf. Esa será su tabla de salvación. Pero por ahora, igual que Atlas, es parte de la vergüenza tapatía.

Edición video: Jorge C.